Buenas noches, me dirijo a vosotros a estas magníficas horas, donde por fin la serenidad y el silencio llega a mi vida, para describiros la experiencia que he vivido esta tarde.
En vez de asistir a clase de Pedagogía y Habilidades, he optado por marcharme con una amiga a Vallecas, nos habían invitado a un concierto de meditación en el centro multicultural “Nuevos Palomares”, los compañeros con los que practicamos reiki y meditación.
Cuando hemos entrado a la sala, había ya sentadas como unas sesenta personas, se oía hablar a los chavales en la calle y las luces fluorescentes no eran muy idóneas para relajarme, pero cuando la señorita, que nos ha impartido la sesión, ha comenzado a hablar y ha apagado todas las luces, he sabido que aquello prometía una velada interesante.
Ha empezado tocando los platillos y un xilófono para, con los ojos cerrados, acercarnos a una puerta, la mía era de cristal de colores como las vidrieras de las catedrales, ignoro si la he abierto o he pasado a través de ella. Estaba desnuda en un templo, de rodillas meditando, hasta que mi cuerpo terrenal ha sentido una nueva presencia que se sentaba a mi lado, olía a tabaco y a sucio, entonces me ha obligado a ponerme una túnica blanca y a subirme a una montaña donde respiraba aire puro, increíblemente he dejado de respirar el hedor de mi acompañante material.
Allí en la cima de la montaña, me he encontrado con mucha gente, personas desconocidas y familiares que ya se alejaron de la tierra, he hablado con todos pero ahora no recuerdo nada, sólo me queda la sensación de mucha paz.
La señorita ha ido cambiando de instrumento a medida que profundizábamos en el ejercicio de la meditación, el tono también bajaba, hasta tocar por encima de nuestras cabezas el oboe y el pandero oceánico (pandero cerrado con bolitas de acero en su interior que consigue un ambiente similar al de las olas del mar).
Finalmente, el tono musical ha comenzado ha subir, y la señorita nos ha pedido que fuéramos acudiendo a la puerta por la que habíamos entrado, no me apetecía volver, de hecho, la puerta que ahora tenía delante era de madera maciza, muy pesada. La señorita nos ha vuelto a insistir que debíamos abandonar el lugar, aunque estábamos invitados a regresar siempre que quisiésemos. De nuevo, ha tocado los platillos, y nos ha pedido que abriésemos los ojos. Entonces, he tenido ocasión de ver a mi compañero terrenal y ha volver a sufrir su olor.
Sólo me queda animaros a que, si tenéis ocasión, acudáis a una reunión de meditación o reiki. A simple vista, puede parecer que somos unos “pirados”, pero en Estados Unidos se han realizado diversos experimentos con los cuales se ha demostrado que ha descendido el número de actos violentos justo en los barrios cercanos en donde se practican sesiones de meditación.
Hola Rosa!!!
ResponderEliminarLa verdad que la meditación lo es todo. es como transportarnos a otra perspectiva. Gracias por compartirlo en tu blog. bss