martes, 12 de abril de 2011

"Percepciones"


Estoy leyendo uno de los textos que Alejandro nos ha recomendado leer: “Re-modelar las posiciones y procesamiento perceptivo”, e imagino la propuesta de sentirte un objeto inanimado, sin vida, sin sentimientos y emociones, es como cuando quitas el volúmen a la televisión, sólo ves imágenes. Me resulta una situación interesante, porque veo las cosas sin ser partícipe de ellas. Sin stress el procesamiento sensorial cambia.
Ese desplazamiento de ser uno mismo a ser otro, me permite cambiar de percepción, o quizás, podría decir, un cambio de ángulo.
Respecto a experimentar el mundo desde la perspectiva de otra persona, ya lo había hecho anteriormente, y resulta divertido. Yo encuentro dos tipologías, una, cuando conoces muy bien a la otra persona y sabes en todo momento cómo actuaría en ese contexto en el que yo me encuentro como si fuese esa persona, y la otra, por escasas referencias, suponer situaciones desde su perspectiva.
Bueno, es momento de irme a dormir, necesito dejar de pensar y percibir.
Me tumbo y escucho una voz que me susurra:

                         Dejar que hable
                         lo que calle,
aprender a escuchar
el gran silencio,
dejar que brille
lo que es oscuro
y aprende a ver
lo solo invisible.
En todo, hacer sensible
el gran vacío
y saber aceptar
lo incaptable.
   (K.G.Durkkeim)

martes, 5 de abril de 2011

Necesidades, intereses y deseos.


La clase que hoy nos ha facilitado Alejandro creo que ha sido de las más profundas hasta ahora, él nos ha dado unas premisas que ahora estoy tratando de dar forma, dado que desde esta tarde no he parado de centrifugar.
El objetivo que extraigo y que ahora trato de aplicarme es: “introducir innovaciones para gestionar cambios en mi vida, unos cambios que tendrán que partir de mi misma”.
Partimos de cuatro lenguajes. En el primero busco un asunto con el que me siento comprometida, por ejemplo, mi familia, me quejo del trabajo y tiempo que me ocupan, pero si no lo hiciera, significaría que no me importan. Luego, tengo adquirido un compromiso con ellos.
En el segundo lenguaje, tratamos la responsabilidad personal, necesito contar mi historia para objetivizarla, me exploro: estoy comprometida para que todos nos llevemos bien, pero no cumplo bien mi tarea.
No estoy todo lo próxima que debiera con mi hijo, quizá pretendo abarcar demasiadas cosas y le estoy restando tiempo a él. Cuidado, me salgo del segundo lenguaje.
Tendré especial cuidado en evitar resolver el problema demasiado rápido porque deseo cerrarlo habiendo cambiado. Cualquier experiencia en la vida nos cambia, siempre hay un antes y un después.
Llego al tercer lenguaje, desde el propósito al compromiso, ¿qué me inquieta?, quizá temo no dar la talla, o tal vez me angustia descuidar otras cosas que ya tenía controladas. Seguramente, me tropezaré con varios impedimentos razonables para no tener que innovar.
Lo importante es trabajarme a mi misma, trabajarme las debilidades, aquellas tendencias que me hacen permanecer inmóvil, eso me recuerda cuando omito una opinión, simplemente para evitarme problemas, y mi “Pepito Grillo” me dice: “Rosa dílo y te superarás a ti misma”.
Creo que me voy a comprometer a acercarme más a mi hijo, aunque piense que le estoy invadiendo, aunque se me pase por la cabeza que estoy perdiendo el tiempo y que debo dejarle crecer.
Ya en el cuarto lenguaje, siento que además de cerrárseme los ojos a estas horas, me tiemblan las piernas. Me encuentro con las grandes “asunciones” que me sostienen y que yo sostengo. Aquellas que tomo como “la gran verdad”, las creencias puntales de mi vida, esos principios que suelen estar presentes en todo lo que hago, y que cuando no los utilizo siento que el cielo me aplasta, en ese momento tengo la certeza de que el mundo está cambiando, pero no, soy yo, estoy cambiando de herramientas y quizá no me reconozco.
Entonces, asumo que si me acerco más a mi hijo crecerá mejor como persona, o bien, asumo que si no me acerco más a mi hijo se puede perder.
Finalmente, asumo que si pudiera afrontarlo de verdad, debería dejar de estudiar.
Esta gramática transformacional no es la panacea, simplemente me ha servido para generarme un espacio más completo y poder considerar una solución. Este mapa me ha permitido mover ciertas cuestiones de la posición de sujeto a la de objeto.
Ahora, deberé comprobar y verificar la “asunción”, y me pregunto: ¿sucederá lo que he estado tratando de evitar todo este tiempo?. Debo asumir esa posibilidad.