La clase que hoy nos ha facilitado Alejandro creo que ha sido de las más profundas hasta ahora, él nos ha dado unas premisas que ahora estoy tratando de dar forma, dado que desde esta tarde no he parado de centrifugar.
El objetivo que extraigo y que ahora trato de aplicarme es: “introducir innovaciones para gestionar cambios en mi vida, unos cambios que tendrán que partir de mi misma”.
Partimos de cuatro lenguajes. En el primero busco un asunto con el que me siento comprometida, por ejemplo, mi familia, me quejo del trabajo y tiempo que me ocupan, pero si no lo hiciera, significaría que no me importan. Luego, tengo adquirido un compromiso con ellos.
En el segundo lenguaje, tratamos la responsabilidad personal, necesito contar mi historia para objetivizarla, me exploro: estoy comprometida para que todos nos llevemos bien, pero no cumplo bien mi tarea.
No estoy todo lo próxima que debiera con mi hijo, quizá pretendo abarcar demasiadas cosas y le estoy restando tiempo a él. Cuidado, me salgo del segundo lenguaje.
Tendré especial cuidado en evitar resolver el problema demasiado rápido porque deseo cerrarlo habiendo cambiado. Cualquier experiencia en la vida nos cambia, siempre hay un antes y un después.
Llego al tercer lenguaje, desde el propósito al compromiso, ¿qué me inquieta?, quizá temo no dar la talla, o tal vez me angustia descuidar otras cosas que ya tenía controladas. Seguramente, me tropezaré con varios impedimentos razonables para no tener que innovar.
Lo importante es trabajarme a mi misma, trabajarme las debilidades, aquellas tendencias que me hacen permanecer inmóvil, eso me recuerda cuando omito una opinión, simplemente para evitarme problemas, y mi “Pepito Grillo” me dice: “Rosa dílo y te superarás a ti misma”.
Creo que me voy a comprometer a acercarme más a mi hijo, aunque piense que le estoy invadiendo, aunque se me pase por la cabeza que estoy perdiendo el tiempo y que debo dejarle crecer.
Ya en el cuarto lenguaje, siento que además de cerrárseme los ojos a estas horas, me tiemblan las piernas. Me encuentro con las grandes “asunciones” que me sostienen y que yo sostengo. Aquellas que tomo como “la gran verdad”, las creencias puntales de mi vida, esos principios que suelen estar presentes en todo lo que hago, y que cuando no los utilizo siento que el cielo me aplasta, en ese momento tengo la certeza de que el mundo está cambiando, pero no, soy yo, estoy cambiando de herramientas y quizá no me reconozco.
Entonces, asumo que si me acerco más a mi hijo crecerá mejor como persona, o bien, asumo que si no me acerco más a mi hijo se puede perder.
Finalmente, asumo que si pudiera afrontarlo de verdad, debería dejar de estudiar.
Esta gramática transformacional no es la panacea, simplemente me ha servido para generarme un espacio más completo y poder considerar una solución. Este mapa me ha permitido mover ciertas cuestiones de la posición de sujeto a la de objeto.
Ahora, deberé comprobar y verificar la “asunción”, y me pregunto: ¿sucederá lo que he estado tratando de evitar todo este tiempo?. Debo asumir esa posibilidad.