jueves, 31 de marzo de 2011

¿Experimento o realidad?


A veces nos suceden cosas tan extrañas que ignoramos si han sucedido al azar o bien estaban premeditadas de antemano, para simplemente dejarnos en evidencia o bien para estudiar nuestra reacción.
Resulta que el otro día, estando en clase, nos comenta el profesor que ya está puesto el listado para realizar una determinada actividad, entonces yo le pregunto a mi compañera de mesa por las fechas, pues me había sido imposible verlas on line, cuál es mi sorpresa, e imagino que también la de mi vecina, cuándo nos dice, con mandíbula prominente y ojos fieros: “si es tan importante lo que estáis hablando os invito a marcharos fuera de clase”.
Es preciso tener en cuenta que ambas solemos asistir a clase, atendemos y participamos con gusto.
Por supuesto, el docente no tiene bola de cristal para saber si lo que hablábamos era contenido de la propia asignatura o de tipo extraescolar, sí, menciono a la escuela porque me sentí como una escolar de primaria cuando la pillan copiando en un examen.
Además, el docente con mirada fija nos instó a que le respondiéramos si íbamos a parar ya, qué mal me sentí, parecía que aquello no terminaría nunca. Escasa gana me quedó después de pronunciar palabra. Creo que la experiencia me ha turbado hasta el punto de la desmotivación y el desinterés por esta asignatura. Confío en que se me pase, más que nada porque me resultaría incomodísimo permanecer en una clase en la que no me siento miembro y parte de la misma.
Ahora me pregunto, ¿es lo mismo predicar que dar trigo?, ¿controlamos las emociones cuando sentimos que no nos escuchan?, ¿el afán de poder nos desborda?, ¿tratamos a todos por igual?.
Quizá podríamos hablar de conflicto, cuando la situación no se controla vence la impulsividad cargada de rabia. En esos momentos es importante ponerte en el lugar del otro, pero…qué importa si el alumno lleva metido en la jaula varias horas y mucho menos interesa lo que esté tratando. Disciplina, disciplinae que eso será hoy y siempre.
Por el contrario, a mi me dio tiempo a concientizar en lo adecuado y frenar mi sentimiento de rabia, podía justificarme explicando que era contenido de clase y además referido a lo que acababa de decir el profesor, pero ya daba igual, la decepción me había superado, cualquier tipo de habilidad social para soslayar el incidente se había disipado. No me quedaban ganas de redireccionar mis sentimientos ni la perspectiva del docente. Fue la clase más larga de mi vida y más fatua, pues todo lo que escuché a partir de ese momento me pareció una burda pantomima.
Bien lo canta Aute: “todo en la vida es cine y los sueños, cine son”.
Me acuerdo de la reflexión de una compañera que manifestaba la importancia del profesor para guiar en el desarrollo del alumno sin que se descentre, lástima que en ocasiones uno no pueda ampliar la perspectiva y verla desde distintos ángulos para regresar al epicentro del contexto. Me temo que el disgusto me va a tener a la deriva varios días.
Quizá necesite entender matices que en ese momento me parecieron injustos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Meditación musical.

Buenas noches, me dirijo a vosotros a estas magníficas horas, donde por fin la serenidad y el silencio llega a mi vida, para describiros la experiencia que he vivido esta tarde.
En vez de asistir a clase de Pedagogía y Habilidades, he optado por marcharme con una amiga a Vallecas, nos habían invitado a un concierto de meditación en el centro multicultural “Nuevos Palomares”, los compañeros con los que practicamos reiki y meditación.
Cuando hemos entrado a la sala, había ya sentadas como unas sesenta personas, se oía hablar a los chavales en la calle y las luces fluorescentes no eran muy idóneas para relajarme, pero cuando la señorita, que nos ha impartido la sesión, ha comenzado a hablar y ha apagado todas las luces, he sabido que aquello prometía una velada interesante.
Ha empezado tocando los platillos y un xilófono para, con los ojos cerrados, acercarnos a una puerta, la mía era de cristal de colores como las vidrieras de las catedrales, ignoro si la he abierto o he pasado a través de ella. Estaba desnuda en un templo, de rodillas meditando, hasta que mi cuerpo terrenal ha sentido una nueva presencia que se sentaba a mi lado, olía a tabaco y a sucio, entonces me ha obligado a ponerme una túnica blanca y a subirme a una montaña donde respiraba aire puro, increíblemente he dejado de respirar el hedor de mi acompañante material.
Allí en la cima de la montaña, me he encontrado con mucha gente, personas desconocidas y familiares que ya se alejaron de la tierra, he hablado con todos pero ahora no recuerdo nada, sólo me queda la sensación de mucha paz.
La señorita ha ido cambiando de instrumento a medida que profundizábamos en el ejercicio de la meditación, el tono también bajaba, hasta tocar por encima de nuestras cabezas el oboe y el pandero oceánico (pandero cerrado con bolitas de acero en su interior que consigue un ambiente similar al de las olas del mar).
Finalmente, el tono musical ha comenzado ha subir, y la señorita nos ha pedido que fuéramos acudiendo a la puerta por la que habíamos entrado, no me apetecía volver, de hecho, la puerta que ahora tenía delante era de madera maciza, muy pesada. La señorita nos ha vuelto a insistir que debíamos abandonar el lugar, aunque estábamos invitados a regresar siempre que quisiésemos. De nuevo, ha tocado los platillos, y nos ha pedido que abriésemos los ojos. Entonces, he tenido ocasión de ver a mi compañero terrenal y ha volver a sufrir su olor.
Sólo me queda animaros a que, si tenéis ocasión, acudáis a una reunión de meditación o reiki. A simple vista, puede parecer que somos unos “pirados”, pero en Estados Unidos se han realizado diversos experimentos con los cuales se ha demostrado que ha descendido el número de actos violentos justo en los barrios cercanos en donde se practican sesiones de meditación.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Dentro del Practicum II me están dando unas charlas sobre inteligencia emocional y me han aconsejado que me vaya leyendo "Educar los sentimientos" de Alfonso Aguiló, quizá asocie con habilidades sociales, voy a ver.
Según me cuentan, el coeficiente de inteligencia no varía porque es genético, pero el resto de inteligencias sí. Me refiero a las ocho inteligencias múltiples: inteligencia de la naturaleza (su comprensión), int. lingüística-verbal (literatura), int. lógico-matemática, int. musical, int. espacial (capacidad de orientación), int. de adiestramiento físico (coordinación muscular), int. del conocimiento de uno mismo (sentimientos) e int. del conocimiento de los demás (interpersonal, comunicación).
Entiendo que la inteligencia emocional es la capacidad de reconocer sentimientos propios y ajenos, más concretamente, desde las habilidades sociales me atrevería a definirla como el modo de gestionar e interpretar las relaciones propias y las de los demás. Digamos que estamos sacando punta o desarrollando un sentido que nos une más al mundo, que nos hace más sensibles a los otros, que nos hace descorrer una cortina para vernos tal cual somos.
Somos un conjunto complejo de fuerza arrolladora de sentimientos, intelecto y voluntad, y Alejandro nos está mostrando una serie de herramientas para que sepamos armonizar todas las propiedades de fallos y éxitos.
En las últimas clases, tratando los conflictos mediante un cambio de papeles, hemos podido tomar conciencia de la perspectiva de la otra persona, lo que ha provocado una variación en nuestra propia perspectiva.
Me toca hacer la cena, seguiré enlazando en otro momento.

Instinto y destino.

Nunca imaginé que comenzara a comentar de este modo tan simple, después de tanta demora.
Es la primera vez que falto a clase, me dolía terriblemente la cabeza, y cuando he entrado en casa me he encontrado con una caja de almendras de chocolate y.. casi me han quitado el dolor, alucinante. Imagino que me había dado un bajón de azúcar, no soy dulcera pero el instinto ha hecho que me salga de clase y el destino ha hecho el resto.