Después de muchos meses de silencio, por aquí, regreso. En esta ocasión, de forma distinta, ¿por qué?. Porque, en su día, me ví obligada a abrir este blog como complemento de una asignatura de la facultad. Hoy vuelvo, porque me apetece, porque desde entonces a ahora ha llovido mucho, he crecido.
Me gustaría que entre todos pudiésemos llegar a profundas reflexiones, sin obligación y sin atadura de ningún tipo, y si no queréis participar, tampoco pasa nada. Al menos habréis leído lo que aquí se exponga, y algo quedará en vuestra mochila para que os acompañe en vuestro camino.
Por último, quiero dar las gracias a Mariano por haberme animado a que regresase al blog.
Un abrazo a todos.
Rosa.
Blog de Rosa
sábado, 4 de febrero de 2012
miércoles, 1 de junio de 2011
Tercer seminario de introspección (29-5-2011).
El pasado domingo tuve ocasión de asistir a un curso de introspección dirigido por dos psicólogos alemanes, seguidores de la filosofía de Jung.
Mediante una terapia de cuentos, solemos hacer consciente lo inconsciente, y cada uno de los miembros que formamos el grupo tratamos de sacar esas preocupaciones que a primera vista no detectamos pero que sí se muestran a través de nuestras decisiones y conductas.
En este seminario hemos tratado los miedos, una forma de prudencia que hay que respetar, pero es necesario que seamos conscientes de su existencia y sepamos cuál es su orígen.
Comenzamos presentándonos las veinticinco personas, incluyendo a los dos psicólogos y a la intérprete que los traduce. Algunos ya nos conocíamos de sesiones anteriores.
Cada uno exponíamos cómo nos había ido desde el último seminario, la mayoría habíamos experimentado un cambio, en mi caso, mis pensamientos están más ordenados y siento la vida desde un plano más amplio, digamos que estos encuentros me procuran unas gafas más transparentes.
Curiosamente, hubo cuatro personas que se habían sentido invadidas de información, digamos que los cuentos anteriores les habían proporcionado tantos datos que luego, no los habían sabido traducir y mucho menos asimilar. Digamos que bucear bajo el iceberg es complicado y no todo el mundo está preparado para hacerlo.
Durante la mañana, trabajamos el cuento de “los tres lenguajes”. Os lo voy a contar brevemente:
En Suiza, vivía un conde con un solo hijo, veía que éste no aprendía nada, y entonces lo envió durante un año con un maestro, con el que tan solo aprendió a ladrar.
El conde muy enfadado, lo envió con otro maestro un año más, pero sólo aprendió a cantar como los pájaros. Ya muy irritado, lo envió con un tercer maestro, y con éste aprendió a croar como las ranas.
El conde desesperado por no conseguir nada que hacer con su hijo, mandó matarle en el bosque, pero a los criados les dio pena y le dejaron marchar.
El hijo estuvo caminando por el bosque mucho tiempo, hasta que se encontró con un rey que lo envió a la torre de su castillo donde tenía encerrados a unos perros muy peligrosos. Todos temían por su vida, pero el hijo se puso ante los perros con total tranquilidad y conversó con ellos, dado que con su primer maestro aprendió a ladrar, además, los perros le indicaron un camino, en los subterráneos del castillo, donde había un importante tesoro. Fue nombrado “hijo prodigio del rey”, pero él rechazó todos los privilegios que eso suponía, y continuó su andadura.
En otro lugar, en Roma, fue descubierto hablando con las ranas, y eso fue interpretado como símbolo de Dios, por lo que fue nombrado Papa.
Meditamos unos minutos, y hacemos una puesta en común de lo que interpretamos del cuento. Todos mis compañeros se fijan en la figura del padre, de cómo había despreciado al hijo, de lo ignorante que era el hijo, etc, etc.
Entonces, expreso mi punto de vista, de todo aprendizaje se puede extraer algo positivo, porque si en un determinado momento no sirve, algún día lo podemos poner en práctica.
Además, no podemos despreciar la actitud de nadie, las apariencias nos pueden llevar a equívocos. Quizá la decisión que tomó el padre fue la acertada, pues de lo contrario, ese hijo nunca hubiera salido de las lindes de su padre, ni le hubieran nombrado Papa.
Todo es útil, si nos sirve en un momento determinado de nuestra vida, bien porque lo sepamos utilizar, o bien por un golpe de suerte..
Ahora, se nos pide que expresemos con una palabra la idea que nos sugiere el cuento:
“ENRIQUECIMIENTO”
Sí, enriquecimiento que obtuvo el hijo a través de los tres tipos de aprendizaje y que en su momento supo utilizar y sacar partido. Y para mí, también enriquecimiento, porque según escuchaba el puento, me he podido desplazar a tiempos remotos de mi infancia, e interpretar ciertas secuencias de mi vida de distinto modo a como lo había hecho en su vida y que hasta hoy tenía asimiladas de un modo muy distinto a como ahora lo estoy viendo. Digamos que el cuento me permite descubrir diferentes perspectivas de experiencias vividas en el pasado, esto cambia sentimientos y pensamientos que en cierta forma influían en mi modo de pensar y actuar.
Me toca explicar la palabreja, no deseo contar mi vida, tan solo les digo que me siento identificada con el hijo porque supo utilizar sus herramientas, aunque a ojos del padre, fuese un necio.
Digamos que el padre mutila parte de su vida, mata su propia renovación porque se encuentra demasiado arraigado a su pasado. Es la figura que encandila a la mayoría de los presentes.
A mí, sin embargo, me seduce la figura del hijo, e interpreto el éxito a largo plazo como que debemos tener paciencia, lo que hoy no sirve, puede servir mañana: astucia, templanza.
¿Cómo se puede crear sin olvidar la vocación de madre?.
Transformar una carga en un don, es posible.
Jung manifestó un día que lo único que separaba al psiquiatra del paciente era la bata blanca.
El destino elige el ámbito en que cada persona tiene que trabajar, pensemos, un necio de Papa.
Recordemos a Demostenes con su defecto en la boca que le impedía hablar, todos los días se introducía en la boca tres piedras y se entrenaba para poder hablar, llegó a ser el mejor orador de la Gracia Antigua.
Los defectos han llegado a ser la especialidad de algunos hombres y mujeres.
“Tu debilidad es tu fuerza”
El padre representa el ámbito animal, aquello no probado por todo el mundo, o no bien utilizado. Cuando ordena matar al ciervo, no está respetando la naturaleza, pero además, implica matar a la sabiduría, aquella energía que no sabe renovar.
Psicológicamente, esto da un nuevo impulso a la terapia, la idea de las personas que han sido despreciadas por sus padres anima a los mutilados.
“Resiste y vencerás”
Para cada persona, son importantes una serie de aspectos de la vida, digamos que nuestras acciones e intereses constituyen una proyección y una prolongación de nuestra personalidad.
A mis compañeros, les conmueve que el hijo no se quede abrumado, y siga adelante. El abatimiento no significa resignación sino fuerza para continuar. A mí, el hecho de que ciertas personas apostaran en su día que no sería capaz de sacarme Psicopedagogía me dió más fuerza y empeño, y gracias a ellos, en parte, estoy a punto de terminar. Luego, se puede sacar la lectura de que esas personas no han sido malas conmigo, aunque fuese su pretensión, a mí me ha servido de impulso y es lo que cuenta. Siempre debemos sacar el lado positivo de los hechos mundanales.
Hay golpes del destino que son atroces, pero la impresión no nos puede sacar del camino de nuestro destino.
Volviendo al hijo, su subconsciente le ha indicado el camino que debe seguir, su destino, sin que él lo supiera. Cuando nos sentimos abatidos, surge una fuerza del inconsciente que nos da valor.
“Lo despreciado puede ser el bien más preciado”
Los cuentos de hadas son la sabiduría recogida de los cuentos colectivos. Cambian la óptica del problema.
El lenguaje inútil de los pájaros llega a ser esencial, simbolizan algo espiritual, su susurro invita a pensar.
El Papa vale más que el rey, puesto que aquí si acepta el hijo quedarse, digamos que representa el poder espiritual, el nuevo Papa que hablará el lenguaje de los animales de acuerdo a la naturaleza, esa naturaleza tan castigada en nuestros días. Incluso, descubre el valor de lo femenino, que ha sido tan machacado por el cristianismo.
Vivido este cuento desde mí, veo el desarrollo de la vida de un individuo, y lo traduzco como que hay que enfrentarse a todos los obstáculos del camino, para poco a poco domesticar a esos perros salvajes.
A los cuarenta años, nos encontramos en el estado de las ranas, subimos y bajamos al agua.
Es el momento de la tercera parte de la vida, nos acercamos a las cosas más espirituales, nos acercamos a los pájaros, que pueden significar la muerte de alguien, física o mental. El mundo se transforma, algo nuevo ha llegado.
Espero no haberos aburrido con mi relato, para mí, ha sido un placer porque he vuelto a revivir sensaciones y he podido profundizar aún más en retazos que creía olvidados.
Por la tarde, trabajamos otro cuento, pero ese ya lo dejo para otro día.
lunes, 2 de mayo de 2011
Salida a la montaña (28-4-2011)
Eran las 11`30h. cuando estábamos en la puerta del polideportivo esperando a los chicos de Educación Física para emprender la gran aventura de este cuatrimestre.
Por una llamada a Alejandro, pudimos saber que la cita era más adelante, en el Pabellón del Val. Sí, digo por una llamada, porque Alejandro no pudo disfrutar de esta experiencia, el deber le obligaba a permanecer dando clase en la facultad. Lo sentimos mucho, porque nos hubiera gustado tanto verle en chándal sudando hasta alcanzar la cima junto a nosotros..
Los gimnásticos nos enseñaron a utilizar la brújula en un mapa, me pareció genial, lástima que luego no la utilizáramos en todo el camino.
Emprendimos la marcha campo a través, y pronto nos encontramos con el primer desafío, había que cruzar el río Henares, por eso nos habían pedido que lleváramos zapatillas de plástico. A alguien oí decir que más adelante había un puente, pero yo no deseaba destacar ante los demás, ni truncar mis nuevos propósitos en los que tengo prohibida la expresión “no puedo”.
Teníamos que cruzar el río pisando sobre un estrecho camino de cemento, de lado para evitar escurrirnos. Las vistas eran maravillosas: de frente teníamos una hermosa poza cuyo fondo no se podía vislumbrar, y de espaldas corría gran cantidad de agua.
Justo cuando estaba a la mitad de camino, oí decir al profesor de los gimnásticos que “la poza tenía muchos metros de profundidad” e inquirió a sus discípulos si nos habían preguntado “si sabíamos nadar”. La palabra “profundidad” me truncó la valentía que llevaba hasta ese momento, mi corazón comenzó a palpitar a toda prisa y mis pensamientos se volvieron grises. Ignoraba qué sería mejor si caer en la poza o de espaldas a la gran corriente. Todavía sentí más indefensión cuando comprobé que mi compañera de camino cada vez se alejaba más de mí, ya tenía tres ángulos vacíos, y yo allí en medio de la inmensidad.
Tragué saliva y traté de ordenar mis emociones, estaba a punto de perder los nervios y eso no podía consentirlo. Entonces, miré hacia mi izquierda y me encontré a Mariano. Con toda la calma que pude, le expliqué que tenía hidrofobia y que, por favor, me diera la mano para darme seguridad, a ver si así podía avanzar y no se notaba lo que me estaba pasándo. Pero claro, tan lenta iba que terminó enterándose todo el mundo. Bueno, lo importante es que pude llegar al otro extremo del río, por supuesto, gracias al aliento y paciencia de Mariano.
Luego, poco a poco fuimos subiendo la montaña, decían los gimnásticos que era el camino más duro y que era la primera vez que subían por allí.
Nos encontramos con hierbas y flores curiosas como la cicuta, planta extremadamente venenosa. También con gran cantidad de espigas, que a mí me sirvieron para agarrarme cuando temía perder el equilibrio, dada la pendiente tan escarpada y gravosa. En una de las ocasiones, las espigas cedieron y justo cuando iba a caer por una importante ladera, un gimnástico me agarró del brazo.
Una vez arriba, coincidimos con los otros grupos y aprovechamos para hacernos algunas fotos y beber agua. El camino de regreso resultó ser más suave y tranquilo, dado que la pendiente la fuimos bajando por un ancho camino que nos permitió distribuirnos en subgrupos de tres y cuatro personas, y charlar distendidamente.
Cuando vislumbré el río, sentí cierta congoja pero me dije a mí misma que “si había sido capaz de cruzarlo una vez, me atrevería a cruzarlo de nuevo”.
Una vez junto al río, el profesor de los gimnásticos nos propuso dos opciones para cruzarlo: regresar por el mismo camino que en la ida, o bien, tomar uno nuevo que sería más corto pero más peligroso. Mariano opinaba que sería interesante conocer una nueva perspectiva, yo estaba de acuerdo, pero si aún era más peligroso este camino..
Casi todo el mundo regresó por el camino ya conocido, unos pocos volvimos por el nuevo. Yo me preguntaba hasta donde llegaba mi osadía, pero decidí no machacarme y cambié de pensamiento. Me puse a buscar tierra firme en caso de soltarme del árbol y caer en la corriente, en el comienzo de este camino había como un metro de profundidad y no podíamos levantar el pié del suelo más de un centímetro. Una vez superado el tramo malo, respiré feliz, lo había superado. Pedí que nos hicieran una foto, aquel momento tenía que quedar registrado.
La imagen guardada en mi retina de las tierras movedizas donde caí de pequeña se difuminaba ahora para dar paso a una imagen de agua que corre sin mayor envergadura.
Gracias al Plan Bolonia que nos interrelaciona con otras universidades, gracias a Alejandro que nos embauca en estas experiencias, y gracias a mis compañeros y compañeras de excursión, hoy he podido relatar esta salida a la montaña que me permitió superar un miedo y descubrir el origen del mismo.
Ese temor, ese sentimiento desagradable que tantas veces me había dificultado la respiración y me había obligado a ponerme la mano en la garganta buscando seguridad ante semejante angustia, ahora tenía una explicación.
Cuando tenía dos años, mis padres y mis tíos me llevaron a ver los campos de viñas que tenían en Valdepeñas, en un descuido, yo me solté de la mano de mi madre y andando entre las cepas caí a una zona de lodo, de tierras movedizas que me iban absorbiendo, ante mis gritos y sollozos acudió mi tío que me sacó en volandas cuando el barro me llegaba por la cintura, pero la sensación de no pisar fondo y de hundirme cada vez más nunca la olvidé, traduciéndose en mi subconsciente como un peligro ante aguas profundas. De ahí que yo siempre decía que tenía hidrofobia y que no me tocasen cuando estaba dentro del agua, ahora lo entiendo, lástima que hayan tenido que pasar cuarenta años para descubrirlo.
martes, 12 de abril de 2011
"Percepciones"
Estoy leyendo uno de los textos que Alejandro nos ha recomendado leer: “Re-modelar las posiciones y procesamiento perceptivo”, e imagino la propuesta de sentirte un objeto inanimado, sin vida, sin sentimientos y emociones, es como cuando quitas el volúmen a la televisión, sólo ves imágenes. Me resulta una situación interesante, porque veo las cosas sin ser partícipe de ellas. Sin stress el procesamiento sensorial cambia.
Ese desplazamiento de ser uno mismo a ser otro, me permite cambiar de percepción, o quizás, podría decir, un cambio de ángulo.
Respecto a experimentar el mundo desde la perspectiva de otra persona, ya lo había hecho anteriormente, y resulta divertido. Yo encuentro dos tipologías, una, cuando conoces muy bien a la otra persona y sabes en todo momento cómo actuaría en ese contexto en el que yo me encuentro como si fuese esa persona, y la otra, por escasas referencias, suponer situaciones desde su perspectiva.
Bueno, es momento de irme a dormir, necesito dejar de pensar y percibir.
Me tumbo y escucho una voz que me susurra:
Dejar que hable
lo que calle,
aprender a escuchar
el gran silencio,
dejar que brille
lo que es oscuro
y aprende a ver
lo solo invisible.
En todo, hacer sensible
el gran vacío
y saber aceptar
lo incaptable.
(K.G.Durkkeim)
martes, 5 de abril de 2011
Necesidades, intereses y deseos.
La clase que hoy nos ha facilitado Alejandro creo que ha sido de las más profundas hasta ahora, él nos ha dado unas premisas que ahora estoy tratando de dar forma, dado que desde esta tarde no he parado de centrifugar.
El objetivo que extraigo y que ahora trato de aplicarme es: “introducir innovaciones para gestionar cambios en mi vida, unos cambios que tendrán que partir de mi misma”.
Partimos de cuatro lenguajes. En el primero busco un asunto con el que me siento comprometida, por ejemplo, mi familia, me quejo del trabajo y tiempo que me ocupan, pero si no lo hiciera, significaría que no me importan. Luego, tengo adquirido un compromiso con ellos.
En el segundo lenguaje, tratamos la responsabilidad personal, necesito contar mi historia para objetivizarla, me exploro: estoy comprometida para que todos nos llevemos bien, pero no cumplo bien mi tarea.
No estoy todo lo próxima que debiera con mi hijo, quizá pretendo abarcar demasiadas cosas y le estoy restando tiempo a él. Cuidado, me salgo del segundo lenguaje.
Tendré especial cuidado en evitar resolver el problema demasiado rápido porque deseo cerrarlo habiendo cambiado. Cualquier experiencia en la vida nos cambia, siempre hay un antes y un después.
Llego al tercer lenguaje, desde el propósito al compromiso, ¿qué me inquieta?, quizá temo no dar la talla, o tal vez me angustia descuidar otras cosas que ya tenía controladas. Seguramente, me tropezaré con varios impedimentos razonables para no tener que innovar.
Lo importante es trabajarme a mi misma, trabajarme las debilidades, aquellas tendencias que me hacen permanecer inmóvil, eso me recuerda cuando omito una opinión, simplemente para evitarme problemas, y mi “Pepito Grillo” me dice: “Rosa dílo y te superarás a ti misma”.
Creo que me voy a comprometer a acercarme más a mi hijo, aunque piense que le estoy invadiendo, aunque se me pase por la cabeza que estoy perdiendo el tiempo y que debo dejarle crecer.
Ya en el cuarto lenguaje, siento que además de cerrárseme los ojos a estas horas, me tiemblan las piernas. Me encuentro con las grandes “asunciones” que me sostienen y que yo sostengo. Aquellas que tomo como “la gran verdad”, las creencias puntales de mi vida, esos principios que suelen estar presentes en todo lo que hago, y que cuando no los utilizo siento que el cielo me aplasta, en ese momento tengo la certeza de que el mundo está cambiando, pero no, soy yo, estoy cambiando de herramientas y quizá no me reconozco.
Entonces, asumo que si me acerco más a mi hijo crecerá mejor como persona, o bien, asumo que si no me acerco más a mi hijo se puede perder.
Finalmente, asumo que si pudiera afrontarlo de verdad, debería dejar de estudiar.
Esta gramática transformacional no es la panacea, simplemente me ha servido para generarme un espacio más completo y poder considerar una solución. Este mapa me ha permitido mover ciertas cuestiones de la posición de sujeto a la de objeto.
Ahora, deberé comprobar y verificar la “asunción”, y me pregunto: ¿sucederá lo que he estado tratando de evitar todo este tiempo?. Debo asumir esa posibilidad.
jueves, 31 de marzo de 2011
¿Experimento o realidad?
A veces nos suceden cosas tan extrañas que ignoramos si han sucedido al azar o bien estaban premeditadas de antemano, para simplemente dejarnos en evidencia o bien para estudiar nuestra reacción.
Resulta que el otro día, estando en clase, nos comenta el profesor que ya está puesto el listado para realizar una determinada actividad, entonces yo le pregunto a mi compañera de mesa por las fechas, pues me había sido imposible verlas on line, cuál es mi sorpresa, e imagino que también la de mi vecina, cuándo nos dice, con mandíbula prominente y ojos fieros: “si es tan importante lo que estáis hablando os invito a marcharos fuera de clase”.
Es preciso tener en cuenta que ambas solemos asistir a clase, atendemos y participamos con gusto.
Por supuesto, el docente no tiene bola de cristal para saber si lo que hablábamos era contenido de la propia asignatura o de tipo extraescolar, sí, menciono a la escuela porque me sentí como una escolar de primaria cuando la pillan copiando en un examen.
Además, el docente con mirada fija nos instó a que le respondiéramos si íbamos a parar ya, qué mal me sentí, parecía que aquello no terminaría nunca. Escasa gana me quedó después de pronunciar palabra. Creo que la experiencia me ha turbado hasta el punto de la desmotivación y el desinterés por esta asignatura. Confío en que se me pase, más que nada porque me resultaría incomodísimo permanecer en una clase en la que no me siento miembro y parte de la misma.
Ahora me pregunto, ¿es lo mismo predicar que dar trigo?, ¿controlamos las emociones cuando sentimos que no nos escuchan?, ¿el afán de poder nos desborda?, ¿tratamos a todos por igual?.
Quizá podríamos hablar de conflicto, cuando la situación no se controla vence la impulsividad cargada de rabia. En esos momentos es importante ponerte en el lugar del otro, pero…qué importa si el alumno lleva metido en la jaula varias horas y mucho menos interesa lo que esté tratando. Disciplina, disciplinae que eso será hoy y siempre.
Por el contrario, a mi me dio tiempo a concientizar en lo adecuado y frenar mi sentimiento de rabia, podía justificarme explicando que era contenido de clase y además referido a lo que acababa de decir el profesor, pero ya daba igual, la decepción me había superado, cualquier tipo de habilidad social para soslayar el incidente se había disipado. No me quedaban ganas de redireccionar mis sentimientos ni la perspectiva del docente. Fue la clase más larga de mi vida y más fatua, pues todo lo que escuché a partir de ese momento me pareció una burda pantomima.
Bien lo canta Aute: “todo en la vida es cine y los sueños, cine son”.
Me acuerdo de la reflexión de una compañera que manifestaba la importancia del profesor para guiar en el desarrollo del alumno sin que se descentre, lástima que en ocasiones uno no pueda ampliar la perspectiva y verla desde distintos ángulos para regresar al epicentro del contexto. Me temo que el disgusto me va a tener a la deriva varios días.
Quizá necesite entender matices que en ese momento me parecieron injustos.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Meditación musical.
Buenas noches, me dirijo a vosotros a estas magníficas horas, donde por fin la serenidad y el silencio llega a mi vida, para describiros la experiencia que he vivido esta tarde.
En vez de asistir a clase de Pedagogía y Habilidades, he optado por marcharme con una amiga a Vallecas, nos habían invitado a un concierto de meditación en el centro multicultural “Nuevos Palomares”, los compañeros con los que practicamos reiki y meditación.
Cuando hemos entrado a la sala, había ya sentadas como unas sesenta personas, se oía hablar a los chavales en la calle y las luces fluorescentes no eran muy idóneas para relajarme, pero cuando la señorita, que nos ha impartido la sesión, ha comenzado a hablar y ha apagado todas las luces, he sabido que aquello prometía una velada interesante.
Ha empezado tocando los platillos y un xilófono para, con los ojos cerrados, acercarnos a una puerta, la mía era de cristal de colores como las vidrieras de las catedrales, ignoro si la he abierto o he pasado a través de ella. Estaba desnuda en un templo, de rodillas meditando, hasta que mi cuerpo terrenal ha sentido una nueva presencia que se sentaba a mi lado, olía a tabaco y a sucio, entonces me ha obligado a ponerme una túnica blanca y a subirme a una montaña donde respiraba aire puro, increíblemente he dejado de respirar el hedor de mi acompañante material.
Allí en la cima de la montaña, me he encontrado con mucha gente, personas desconocidas y familiares que ya se alejaron de la tierra, he hablado con todos pero ahora no recuerdo nada, sólo me queda la sensación de mucha paz.
La señorita ha ido cambiando de instrumento a medida que profundizábamos en el ejercicio de la meditación, el tono también bajaba, hasta tocar por encima de nuestras cabezas el oboe y el pandero oceánico (pandero cerrado con bolitas de acero en su interior que consigue un ambiente similar al de las olas del mar).
Finalmente, el tono musical ha comenzado ha subir, y la señorita nos ha pedido que fuéramos acudiendo a la puerta por la que habíamos entrado, no me apetecía volver, de hecho, la puerta que ahora tenía delante era de madera maciza, muy pesada. La señorita nos ha vuelto a insistir que debíamos abandonar el lugar, aunque estábamos invitados a regresar siempre que quisiésemos. De nuevo, ha tocado los platillos, y nos ha pedido que abriésemos los ojos. Entonces, he tenido ocasión de ver a mi compañero terrenal y ha volver a sufrir su olor.
Sólo me queda animaros a que, si tenéis ocasión, acudáis a una reunión de meditación o reiki. A simple vista, puede parecer que somos unos “pirados”, pero en Estados Unidos se han realizado diversos experimentos con los cuales se ha demostrado que ha descendido el número de actos violentos justo en los barrios cercanos en donde se practican sesiones de meditación.
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