miércoles, 1 de junio de 2011

Tercer seminario de introspección (29-5-2011).


El pasado domingo tuve ocasión de asistir a un curso de introspección dirigido por dos psicólogos alemanes, seguidores de la filosofía de Jung.
Mediante una terapia de cuentos, solemos hacer consciente lo inconsciente, y cada  uno de los miembros que formamos el grupo tratamos de sacar esas preocupaciones que a primera vista no detectamos pero que sí se muestran a través de nuestras decisiones y conductas.
En este seminario hemos tratado los miedos, una forma de prudencia que hay que respetar, pero es necesario que seamos conscientes de su existencia y sepamos cuál es su orígen.
Comenzamos presentándonos las veinticinco personas, incluyendo a los dos psicólogos y a la intérprete que los traduce. Algunos ya nos conocíamos de sesiones anteriores.
Cada uno exponíamos cómo nos había ido desde el último seminario, la mayoría habíamos experimentado un cambio, en mi caso, mis pensamientos están más ordenados y siento la vida desde un plano más amplio, digamos que estos encuentros me procuran unas gafas más transparentes.
Curiosamente, hubo cuatro personas que se habían sentido invadidas de información, digamos que los cuentos anteriores les habían proporcionado tantos datos que luego, no los habían sabido traducir y mucho menos asimilar. Digamos que bucear bajo el iceberg es complicado y no todo el mundo está preparado para hacerlo.
Durante la mañana, trabajamos el cuento de “los tres lenguajes”. Os lo voy a contar brevemente:
En Suiza, vivía un conde con un solo hijo, veía que éste no aprendía nada, y entonces lo envió durante un año con un maestro, con el que tan solo aprendió a ladrar.
El conde muy enfadado, lo envió con otro maestro un año más, pero sólo aprendió a cantar como los pájaros. Ya muy irritado, lo envió con un tercer maestro, y con éste aprendió a croar como las ranas.
El conde desesperado por no conseguir nada que hacer con su hijo, mandó matarle en el bosque, pero a los criados les dio pena y le dejaron marchar.
El hijo estuvo caminando por el bosque mucho tiempo, hasta que se encontró con un rey que lo envió a la torre de su castillo donde tenía encerrados a unos perros muy peligrosos. Todos temían por su vida, pero el hijo se puso ante los perros con total tranquilidad y conversó con ellos, dado que con su primer maestro aprendió a ladrar, además, los perros le indicaron un camino, en los subterráneos del castillo, donde había un importante tesoro. Fue nombrado “hijo prodigio del rey”, pero él rechazó todos los privilegios que eso suponía, y continuó su andadura.
En otro lugar, en Roma, fue descubierto hablando con las ranas, y eso fue interpretado como símbolo de Dios, por lo que fue nombrado Papa.

Meditamos unos minutos, y hacemos una puesta en común de lo que interpretamos del cuento. Todos mis compañeros se fijan en la figura del padre, de cómo había despreciado al hijo, de lo ignorante que era el hijo, etc, etc.
Entonces, expreso mi punto de vista, de todo aprendizaje se puede extraer algo positivo, porque si en un determinado momento no sirve, algún día lo podemos poner en práctica.
Además, no podemos despreciar la actitud de nadie, las apariencias nos pueden llevar a equívocos. Quizá la decisión que tomó el padre fue la acertada, pues de lo contrario, ese hijo nunca hubiera salido de las lindes de su padre, ni le hubieran nombrado Papa.
Todo es útil, si nos sirve en un momento determinado de nuestra vida, bien porque lo sepamos utilizar, o bien por un golpe de suerte..

Ahora, se nos pide que expresemos con una palabra la idea que nos sugiere el cuento:
                                  “ENRIQUECIMIENTO”

Sí, enriquecimiento que obtuvo el hijo a través de los tres tipos de aprendizaje y que en su momento supo utilizar y sacar partido. Y para mí, también enriquecimiento, porque según escuchaba el puento, me he podido desplazar a tiempos remotos de mi infancia, e interpretar ciertas secuencias de mi vida de distinto modo a como lo había hecho en su vida y que hasta hoy tenía asimiladas de un modo muy distinto a como ahora lo estoy viendo. Digamos que el cuento me permite descubrir diferentes perspectivas de experiencias vividas en el pasado, esto cambia sentimientos y pensamientos que en cierta forma influían en mi modo de pensar y actuar.
Me toca explicar la palabreja, no deseo contar mi vida, tan solo les digo que me siento identificada con el hijo porque supo utilizar sus herramientas, aunque a ojos del padre, fuese un necio.
Digamos que el padre mutila parte de su vida, mata su propia renovación porque se encuentra demasiado arraigado a su pasado. Es la figura que encandila a la mayoría de los presentes.
A mí, sin embargo, me seduce la figura del hijo, e interpreto el éxito a largo plazo como que debemos tener paciencia, lo que hoy no sirve, puede servir mañana: astucia, templanza.
¿Cómo se puede crear sin olvidar la vocación de madre?.
Transformar una carga en un don, es posible.
Jung manifestó un día que lo único que separaba al psiquiatra del paciente era la bata blanca.
El destino elige el ámbito en que cada persona tiene que trabajar, pensemos, un necio de Papa.
Recordemos a Demostenes con su defecto en la boca que le impedía hablar, todos los días se introducía en la boca tres piedras y se entrenaba para poder hablar, llegó a ser el mejor orador de la Gracia Antigua.
Los defectos han llegado a ser la especialidad de algunos hombres y mujeres.
                    “Tu debilidad es tu fuerza”

El padre representa el ámbito animal, aquello no probado por todo el mundo, o no bien utilizado. Cuando ordena matar al ciervo, no está respetando la naturaleza, pero además, implica matar a la sabiduría, aquella energía que no sabe renovar.
Psicológicamente, esto da un nuevo impulso a la terapia, la idea de las personas que han sido despreciadas por sus padres anima a los mutilados.
                   “Resiste y vencerás”

Para cada persona, son importantes una serie de aspectos de la vida, digamos que nuestras acciones e intereses constituyen una proyección y una prolongación de nuestra personalidad.
A mis compañeros, les conmueve que el hijo no se quede abrumado, y siga adelante. El abatimiento no significa resignación sino fuerza para continuar. A mí, el hecho de que ciertas personas apostaran en su día que no sería capaz de sacarme Psicopedagogía me dió más fuerza y empeño, y gracias a ellos, en parte, estoy a punto de terminar. Luego, se puede sacar la lectura de que esas personas no han sido malas conmigo, aunque fuese su pretensión, a mí me ha servido de impulso y es lo que cuenta. Siempre debemos sacar el lado positivo de los hechos mundanales.
Hay golpes del destino que son atroces, pero la impresión no nos puede sacar del camino de nuestro destino.
Volviendo al hijo, su subconsciente le ha indicado el camino que debe seguir, su destino, sin que él lo supiera. Cuando nos sentimos abatidos, surge una fuerza del inconsciente que nos da valor.
                        “Lo despreciado puede ser el bien más preciado”

Los cuentos de hadas son la sabiduría recogida de los cuentos colectivos. Cambian la óptica del problema.
El lenguaje inútil de los pájaros llega a ser esencial, simbolizan algo espiritual, su susurro invita a pensar.
El Papa vale más que el rey, puesto que aquí si acepta el hijo quedarse, digamos que representa el poder espiritual, el nuevo Papa que hablará el lenguaje de los animales de acuerdo a la naturaleza, esa naturaleza tan castigada en nuestros días. Incluso, descubre el valor de lo femenino, que ha sido tan machacado por el cristianismo.
Vivido este cuento desde mí, veo el desarrollo de la vida de un individuo, y lo traduzco como que hay que enfrentarse a todos los obstáculos del camino, para poco a poco domesticar a esos perros salvajes.
A los cuarenta años, nos encontramos en el estado de las ranas, subimos y bajamos al agua.
Es el momento de la tercera parte de la vida, nos acercamos a las cosas más espirituales, nos acercamos a los pájaros, que pueden significar la muerte de alguien, física o mental. El mundo se transforma, algo nuevo ha llegado.
Espero no haberos aburrido con mi relato, para mí, ha sido un placer porque he vuelto a revivir sensaciones y he podido profundizar aún más en retazos que creía olvidados.
Por la tarde, trabajamos otro cuento, pero ese ya lo dejo para otro día.

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